Reflexiones

Por qué los olores nos llevan de vuelta a la infancia

Psicóloga mujer de pie con camisa celeste de estilo profesional, fondo blanco neutro y postura relajada, ideal para transmitir cercanía y confianza en servicios de psicología y salud mental en consulta privada en Santiago Providencia.

Catalina Callejas

Psicóloga Clínica

adulto mayor conversando con profesional de salud en su hogar recibiendo apoyo emocional y atención psicológica domiciliaria

¿Alguna vez has olido pan recién horneado y, sin aviso, te has encontrado de vuelta en la cocina de tu abuela? ¿O el olor a pasto mojado te ha transportado instantáneamente a un patio de colegio que creías haber olvidado? No es nostalgia ordinaria ni coincidencia. Es neurociencia. El olfato tiene una relación con la memoria que ningún otro sentido puede igualar, y entender por qué puede cambiar profundamente la forma en que te relacionas con tu historia emocional.

A diferencia de lo que ocurre con la vista o el sonido, los estímulos olfativos toman un camino distinto en el cerebro. Mientras que la información visual o auditiva pasa primero por el tálamo —una especie de central de distribución sensorial— antes de llegar a la corteza cerebral, los olores viajan directamente desde el epitelio olfativo hasta el bulbo olfatorio, y desde ahí se conectan de manera casi inmediata con la amígdala y el hipocampo. Estas dos estructuras son, precisamente, las que gobiernan la memoria emocional y la consolidación de recuerdos a largo plazo. Esta ruta directa es lo que hace que un aroma pueda activar una memoria con una viveza y una carga emocional que otras señales sensoriales simplemente no logran.

Lo que resulta aún más fascinante es que los recuerdos evocados por olores tienden a ser más antiguos que los evocados por otros sentidos. Investigadores han documentado lo que se conoce como el "efecto Proust", en honor al escritor Marcel Proust, quien describió con precisión literaria cómo el olor de una magdalena mojada en té lo transportó de golpe a su infancia. Pero más allá de la literatura, este fenómeno tiene una base biológica sólida que merece ser explorada con cuidado.

En este artículo, escrito por la psicóloga Catalina Callejas, exploramos qué dice la neurociencia sobre el vínculo entre olfato y memoria, por qué los recuerdos olfativos de la infancia son tan poderosos, y qué implicancias tiene esto para nuestra salud emocional y el trabajo terapéutico.

El camino privilegiado del olfato en el cerebro

Para comprender por qué los olores evocan recuerdos con tanta intensidad, es necesario entender la anatomía de esta conexión. El sistema olfativo es el más antiguo desde el punto de vista evolutivo, y su arquitectura refleja esa antigüedad. Cuando inhalamos un aroma, las moléculas odoríferas activan receptores en la mucosa nasal que envían señales directamente al bulbo olfatorio. Desde ahí, las proyecciones neuronales alcanzan la amígdala —centro de procesamiento emocional— y el hipocampo —estructura clave para la formación de memorias episódicas— sin pasar por el filtro talámico que procesan los demás sentidos.

Esta conexión directa explica por qué los olores pueden desencadenar respuestas emocionales antes de que tengamos tiempo de procesarlas conscientemente. Rachel Herz, investigadora de la Universidad de Brown y autora de estudios seminales sobre olfato y emoción, ha documentado extensamente cómo los recuerdos evocados por olores son significativamente más emocionales y más vívidos que los evocados por señales visuales o auditivas. En sus experimentos, los participantes describían los recuerdos olfativos como más "reales" y más cargados afectivamente, aunque no necesariamente más precisos en sus detalles factuales. (Herz, 2004 - Cognition & Emotion)

Lo que esto significa, en términos prácticos, es que un olor no solo activa un recuerdo: activa el estado emocional que acompañaba a ese recuerdo original. El cuerpo responde antes que la mente consciente. Y eso tiene consecuencias profundas para cómo vivimos nuestra historia.

Por qué los recuerdos de infancia son los más poderosos

Existe un fenómeno bien documentado en psicología cognitiva llamado "reminiscencia bump" o joroba de reminiscencia, que describe la tendencia de los adultos a recordar con mayor facilidad y detalle los eventos ocurridos entre los 10 y los 30 años. Sin embargo, cuando se trata de recuerdos olfativos, el pico se desplaza hacia etapas aún más tempranas: la primera infancia y los años preescolares.

Una investigación publicada en la revista Memory por Willander y Larsson demostró que los recuerdos evocados por olores son significativamente más antiguos que los evocados por palabras o imágenes. Los participantes de su estudio reportaban recuerdos olfativos que databan, en promedio, de los primeros años de vida, mientras que los recuerdos evocados por otras señales sensoriales correspondían a etapas más tardías. (Willander & Larsson, 2006 - Memory)

¿Por qué ocurre esto? Una hipótesis plausible tiene que ver con el período crítico del desarrollo olfativo. Durante los primeros años de vida, el sistema olfativo está en plena maduración y el cerebro está formando conexiones neuronales a una velocidad extraordinaria. Los olores que se experimentan en ese período quedan codificados con una intensidad especial, asociados a los contextos emocionales primarios: el cuerpo de la madre, el hogar, la comida, el afecto. Estas asociaciones tempranas se convierten en anclas emocionales que persisten durante décadas.

Además, muchos de los olores de la infancia son experimentados por primera vez en ese período, lo que significa que no hay recuerdos previos que compitan con ellos. La primera vez que el cerebro registra un aroma, lo hace con una potencia que las exposiciones posteriores no pueden replicar. Esto crea lo que algunos investigadores llaman una "huella olfativa primaria", un sello emocional que permanece activo a lo largo de toda la vida.

Emoción, trauma y el olfato como detonador

Si los olores pueden evocar recuerdos felices con una viveza extraordinaria, también pueden activar recuerdos dolorosos con la misma intensidad. Esto es especialmente relevante en el contexto del trauma psicológico. En personas que han vivido experiencias traumáticas tempranas, ciertos olores pueden funcionar como triggers o detonadores, activando respuestas de estrés, ansiedad o disociación de manera automática e involuntaria.

La investigación en neurobiología del trauma ha mostrado que la amígdala, hiperactivada en personas con trastorno de estrés postraumático (TEPT), responde con especial sensibilidad a los estímulos olfativos. Dado que el olfato tiene acceso directo a esta estructura, los olores asociados a situaciones traumáticas pueden desencadenar respuestas de alarma incluso cuando el peligro ya no existe. (Bhatt et al., 2020 - Neuron)

Esto explica por qué algunas personas sienten una angustia inexplicable ante ciertos aromas cotidianos: el perfume de alguien, el olor a cigarrillo, el ambiente de un lugar específico. El cerebro no está siendo irracional; está ejecutando un sistema de protección que aprendió en un momento en que esa respuesta era necesaria. Comprender este mecanismo desde la neurociencia puede ser enormemente liberador para quienes lo experimentan, porque transforma algo que parece arbitrario en algo comprensible y, por lo tanto, tratable.

El olfato como puerta de entrada en psicoterapia

El vínculo entre olfato y memoria emocional tiene implicancias directas para el trabajo terapéutico. En enfoques como la terapia cognitivo-conductual, la terapia de exposición y las terapias basadas en mindfulness, la conciencia sensorial —incluyendo el olfato— puede ser una herramienta poderosa para acceder a material emocional que de otro modo permanece inaccesible.

Algunos protocolos de intervención en trauma, como el EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), reconocen la importancia de los estímulos sensoriales en la activación y el reprocesamiento de memorias traumáticas. La investigadora Bessel van der Kolk, en su obra ampliamente citada sobre trauma y cuerpo, subraya que el trauma se almacena en el cuerpo y en los sentidos, no solo en la narrativa verbal. El olfato, como sentido primario y emocionalmente cargado, ocupa un lugar especial en esta arquitectura sensorial del trauma y la memoria. (Van der Kolk, 2014 - The Body Keeps the Score)

Desde una perspectiva más cotidiana, el olfato también puede ser utilizado de manera intencional para el bienestar emocional. Asociar deliberadamente ciertos aromas a estados de calma, seguridad o concentración es una práctica respaldada por la investigación en condicionamiento clásico. El cerebro aprende a asociar estímulos con estados internos, y esa plasticidad puede ser aprovechada de manera terapéutica.

Qué hacer cuando un olor te desborda

Si alguna vez has sentido que un olor te arrastra emocionalmente sin que puedas controlarlo, lo primero que conviene saber es que esa respuesta es completamente normal desde el punto de vista neurobiológico. No es debilidad ni exageración: es el resultado de una arquitectura cerebral que prioriza la supervivencia emocional sobre el control racional.

Lo segundo es que esa respuesta puede cambiar. La neuroplasticidad —la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones— permite que las asociaciones olfativas aprendidas puedan ser modificadas con el tiempo y con el apoyo adecuado. Técnicas de regulación emocional, exposición gradual y trabajo con la memoria episódica pueden ayudar a que un aroma que hoy desencadena angustia deje de tener ese poder.

El proceso no es inmediato ni lineal, pero es posible. Y muchas veces, entender el por qué neurológico de lo que nos ocurre es el primer paso para comenzar a trabajarlo. Cuando dejamos de ver nuestras reacciones como fallas de carácter y empezamos a verlas como respuestas aprendidas del sistema nervioso, se abre un espacio de compasión y de cambio que antes no existía.

Conclusión: tu historia emocional tiene textura, color y olor

Los recuerdos de la infancia no son solo imágenes o palabras almacenadas en algún rincón de la mente. Son experiencias multisensoriales que el cerebro guarda con una fidelidad emocional asombrosa, y el olfato es quizás el guardián más fiel de todos ellos. Entender esta conexión no es solo un ejercicio intelectual: es una invitación a relacionarte con tu historia con más curiosidad, más compasión y más herramientas.

Si sientes que ciertos olores, recuerdos o emociones de tu infancia siguen teniendo un peso desproporcionado en tu vida actual, puede ser el momento de explorarlos con acompañamiento profesional. En nuestro centro psicológico en Providencia, trabajamos con personas que buscan comprender y transformar su historia emocional, tanto en modalidad presencial como online. Si quieres dar ese primer paso, puedes agendar una hora directamente en el siguiente enlace: Reserva tu sesión aquí. Tu historia merece ser comprendida, y tú mereces las herramientas para hacerlo.

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